El tranvía andaba como de costumbre y en una de las paradas a mitad de camino, él levantó su cabeza para observar a las personas que se subían, una señora anciana muy bien vestida, con vestido color beige hasta más abajo de las rodillas y un pañuelo de color café oscuro que le rodeaba el cuello, un hombre gordo de unos 40 años con jean y una camiseta negra de Batman, tenía aire despreocupado y solitario, y una mujer de menos de 30 años, pelo castaño que caía sobre sus hombros, blusa blanca, pantalón negro con rayas también blancas y tennis de tela negros con las puntas blancas, él no pudo evitar mirarla, ella estaba preocupada por encontrar una silla, no se enteró de su existencia.
Por la gracia del destino ella se sentó justo en diagonal a él, él fingió desinterés y pretendió seguir con su lectura pero cada tanto levantaba su mirada para verla, ella estaba más interesada en las personas y las calles que pasaban por su ventana. Él insistió un par de veces más hasta que en una de sus fugaces miradas la encontró a ella y a sus ojos viendo directamente hacía él, él sintió miedo y bajó su mirada casi de inmediato. No pasaron dos minutos y volvió a mirarla, esta vez ella no lo veía pero una especie de magnetismo hizo que girara su cabeza casi de inmediato, otra vez contacto visual, él fue feliz por un instante, esta vez sostuvo su mirada por un tiempo más largo, pero no se atrevió a hacer ningún gesto,estaba inmóvil. De vuelta al libro.
Cada tanto él levantaba su mirada, y cada tanto se topaban. El tranvía se acercaba al centro, él tiempo terminaba para él, una estación y otra más, tiempo de bajarse, antes de levantarse, mientras guardaba el libro en su maleta, él la miró con más decisión que antes, ella lo miró también y esbozó una sonrisa, él era torpe pero atinó a sonreír de forma extraña. Terminó de guardar el libro, el tranvía se detuvo, él bajó lentamente y en cuanto bajó buscó por la ventana la cara de su amada, ella también lo buscó entre los vidrios, levantó su mano y le hizo un gesto de hasta luego. Él no supo cómo actuar, simplemente se quedó ahí parado viendo como el tranvía se llevo su amor de 10 minutos.
Camilo J.
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