sábado, 30 de marzo de 2019

Amores Instantaneos

Llegó a la estación del tranvía a eso de las 5 de la tarde como todos los días, siempre tomaba el tranvía de las 5:05 que lo llevaba directo al centro de la ciudad en 30 minutos, se subió por la puerta del centro como lo hacía siempre, buscó una silla en la parte izquierda, como siempre, se sentó y sacó de su maleta el libro que estaba leyendo en el momento, era de Murakami, clavó sus ojos en el libro y se dejó llevar a un mundo de una extraña y real fantasía.

El tranvía andaba como de costumbre y en una de las paradas a mitad de camino, él levantó su cabeza para observar a las personas que se subían, una señora anciana muy bien vestida, con vestido color beige hasta más abajo de las rodillas y un pañuelo de color café oscuro que le rodeaba el cuello, un hombre gordo de unos 40 años con jean y una camiseta negra de Batman, tenía aire despreocupado y solitario, y una mujer de menos de 30 años, pelo castaño que caía sobre sus hombros, blusa blanca, pantalón negro con rayas también blancas y tennis de tela negros con las puntas blancas, él no pudo evitar mirarla, ella estaba preocupada por encontrar una silla, no se enteró de su existencia.

Por la gracia del destino ella se sentó justo en diagonal a él, él fingió desinterés y pretendió seguir con su lectura pero cada tanto levantaba su mirada para verla, ella estaba más interesada en las personas y las calles que pasaban por su ventana. Él insistió un par de veces más hasta que en una de sus fugaces miradas la encontró a ella y a sus ojos viendo directamente hacía él, él sintió miedo y bajó su mirada casi de inmediato. No pasaron dos minutos y volvió a mirarla, esta vez ella  no lo veía pero una especie de magnetismo hizo que girara su cabeza casi de inmediato, otra vez contacto visual, él fue feliz por un instante, esta vez sostuvo su mirada por un tiempo más largo, pero no se atrevió a hacer ningún gesto,estaba inmóvil. De vuelta al libro.

Cada tanto él levantaba su mirada, y cada tanto se topaban. El tranvía se acercaba al centro, él tiempo terminaba para él, una estación y otra más, tiempo de bajarse, antes de levantarse, mientras guardaba el libro en su maleta, él la miró con más decisión que antes, ella lo miró también y esbozó una sonrisa, él era torpe pero atinó a sonreír de forma extraña. Terminó de guardar el libro, el tranvía se detuvo, él bajó lentamente y en cuanto bajó buscó por la ventana la cara de su amada, ella también lo buscó entre los vidrios, levantó su mano y le hizo un gesto de hasta luego. Él no supo cómo actuar, simplemente se quedó ahí parado viendo como el tranvía se llevo su amor de 10 minutos.

Camilo J.

jueves, 28 de marzo de 2019

Amor de una noche

El despertador sonó como de costumbre a las 6:00 am, él tomó el celular y de forma casi instintiva movió su pulgar hacía la derecha de la pantalla, eso le daba 5 minutos más de un sueño que ya se había roto. Él giró su cuerpo nuevamente solo para quedar más cerca de su amada, la abrazó, ella también luchaba por mantener su sueño pero sin embargo tomó el brazo de su amado y lo puso sobre su hombro, sus dos manos se entrelazaron, ambos querían que el momento fuera eterno, pero eterna solo es la nada, él perdió la conciencia nuevamente y se hundió entre sueños y lejanías, ella roncó. Los cinco minutos pasaron rápidamente, el celular sonó de nuevo, él lo tomo nuevamente y aún sabiendo qué hora era quiso reafirmarse en la pantalla: 6:05 am. Hora de irse. Aún con los ojos casi cerrados él se sentó al borde de la cama, buscó su pantalón en el suelo, lo levantó suavemente para evitar el ruido que genera la hebilla del cinturón. Con movimientos lentos vistió su pantalón, luego giró la cabeza para poder ver como su amada permanecía en esa cama que unas horas antes había sido testiga de su amor profundo y sudoroso. Ella estaba más dormida que despierta pero aún así atinó a levantar su brazo como indicándole que volviera, él tomó su mano y le dio un beso, apoyó su rodilla en el borde de la cama y se acercó a ella para poder darle un beso en la sien, luego le buscó la boca para poder darle otro beso, a ninguno pareció importarle el intenso olor de la boca en las mañanas. Él no supo qué decirle, aún era muy pronto para decirle que la amaba, solo le deseo un feliz día, ella respondió de la misma forma. Ya con un poco más de confianza sabiendo que ella estaba despierta él buscó su camisa y camiseta, tomó sus zapatos, se sentó en una esquina de la cama y se vistió con cierta prisa, aunque sabía que quería estar con ella, también sabía que debía marcharse pronto. Una vez vestido, tomó su maleta y en un vano esfuerzo por mantener esa figura en su memoria, la miró desde el otro lado de la cama, ella ahí desnuda y sudorosa, con el pelo por la cara, con los ojos cerrados, así quería recordarla para siempre. Un último beso y una "avísame cuando llegues" fue todo lo que él se llevó.

Camilo J.

Amor de verano

Ella tocó a la puerta, él espero a que alguien más abriera sin saber que estaba solo en casa, ella tocó a la puerta nuevamente y lo hizo más fuerte, demostrando así un poco su impaciencia. Él, se levantó de mala gana y fue a abrir. Se miraron fijamente, ella lo saludó y le explicó que sería su nueva compañera de casa, él simplemente asintió de forma indiferente, dejó la puerta abierta y volvió a su cama como de costumbre.

Ella lo abordó en el desayuno, le contó mil cosas, él la observaba y asentía a cada cosa, no quería parecer un tosco y sonreía cada tanto.

Ella lo abordó en la cena, le contaba cada historia con sus ojos clavados en su cara, él la miraba y de a poco se asustaba.

Ella lo abordó mientras él veía tranquilamente televisión en una tarde de caluroso verano, ella lo miró fijamente y le preguntó si le gustaba, él no estaba muy seguro pero respondió que sí. Se besaron intensamente durante horas.

Él la abordó mientras ella veía tranquilamente televisión en otra tarde de caluroso verano, se sentó junto a ella y la miró fijamente, la intentó besar. Ella lo esquivó sin ser sutil, él retrocedió sin entender lo que pasaba, ella lo miró y le dijo que él ya no le gustaba.

Camilo J.

Amor gastado

Ella llegó a su vida por casualidad, se miraron, se gustaron, se besaron. Ella le dijo que no quería nada serio, que podrían ver a otras personas, él quedó perplejo y le dijo que de ninguna forma eso habría de pasar, que la amaría para siempre y que nunca más la iba a soltar.

Se tomaron de la mano y caminaron, caminaron sin parar, caminaron por el mundo y por la historia, juntos buscaron las maravillas de la humanidad, juntos descubrieron los placeres y dolores, juntos escalaron a la cima, juntos volvieron a la realidad.

Él la invitó a su viaje más osado y ella sin titubeos aceptó, tomaron sus maletas y se fueron a buscar donde quedaba el fin del mundo, después de siete años lo encontraron, fueron felices hasta el infinito y más allá.

Se miraron a los ojos, como escudriñándose el alma, ella le preguntó qué sería lo siguiente si más allá no podían llegar, él, aunque todo lo sabía, se quedó en silencio largo rato, ella lo miraba con angustia, él quedó mudo para siempre, ella no podía seguir así, le ofreció disculpas y le dio un beso y simplemente lo dejó ahí.

Camilo J.

Amores para siempre

A mi matecita:

"Puedes sentarte aquí a mi lado" - Él le dijo cuando la vio llegar a la cafetería y se dio cuenta de que no habían más sillas, ella sonrió y se sentó a su lado.

Sonrieron juntos y cruzaron algunas palabras.

"'¿Te puedo decir algo?" - Preguntó ella

"Por supuesto" - Respondió

"Tienes una energía muy bonita" - Le dijo ella

Él solo atinó a darle las gracias, en el fondo sabía que era lo más bello que alguien jamás le hubiera dicho, ahí decidió que la querría para siempre, sonrieron nuevamente.

Camilo J.

Amor hasta la muerte

Él caminaba solo por las tardes, la ciudad era nueva y hostil para él, él venía del campo y trabajaba duro para sobrevivir. Un día cualquiera visitó ese nuevo restaurante, la vio a ella, ella lo atendió con su natural delicadeza.

Un día, otro más y otro más fueron sumando, no pasaron muchos para que él diera otro paso, la invitó a salir y un día se casaron, lo celebraron con un desayuno, el pan y el chocolate serían los únicos testigos de su amor enrevesado.

Él juró amarla para siempre, ella juró cuidarlo hasta la muerte, pasaron juntos todas las vicisitudes y alegrías, tuvieron un hijo, otro y otro más, la humilde choza se convirtió en hogar de muchos, hijos, tíos, sobrinos, nietos y bisnietos llegaron hasta allí a celebrar.

Pero toda historia feliz o triste ha de terminar, él en sus últimos días de conciencia aún le daba besos y sorbitos, ella hasta él último suspiro fue su apoyo y su moral. Ambos cumplieron su promesa y solo La Parca y sus caprichos los pudieron separar.

Camilo J.

Amor bilingüe

Él la vio caminando apresurada pero sin un rumbo, se acercó lentamente, de lejos la miró, cuando estuvo ya más cerca, le quiso preguntar - Hey Can I help you? Where are you heading to?

Ella abrió sus ojos asustada, no entendía nada, era nueva en la ciudad - Sorry I do not understand

Él entendió perfectamente que ella venía de lejos y que no entendía bien su extraña lengua, se acercó un poco más y le entregó su celular, le mostró el mapa y le indicó a dónde quería dirigirse. Ella sonrió y lo miró, solo para darse cuenta que era un tipo esbelto, con clase, todo un galán. Le mostró a donde quería llegar y él con gestos y con señas le mostró a donde debía pararse para tomar el tranvía.

Él la acompañó e intentó hablarle nuevamente - Where are you from? What are you doing here?

Eso era más familiar y como pudo ella le respondió, él se enamoró de su sutil forma de hablar, la llevó al tranvía y la espero, la espero tanto que ella aprendió su extraña lengua, la espero tanto que ahora ya pueden hablar, él la espero y la espero tanto que ahora al altar la va a llevar.

Camilo J.

Amores Instantaneos

Llegó a la estación del tranvía a eso de las 5 de la tarde como todos los días, siempre tomaba el tranvía de las 5:05 que lo llevaba directo...